A 40 años de Malvinas: duelo dificultoso y proyectos colectivos

1 de abril de 2022

  • Por Laura Marina Panizo | Docente de Maestría en Innovación Educativa, Universidad Siglo 21 | Investigadora del CONICET/Escuela de Interdisciplinaria de Altos Estudios (UNSAM)

La Guerra de Malvinas forma parte de nuestra historia reciente, enmarcada en la última dictadura militar argentina. El gobierno de facto fue responsable no solo de haber conducido a ese conflicto armado, sino también de la violación sistemática a los derechos humanos cometidos en la Argentina continental. Todos, cada uno a su manera, estamos vinculados a esos duelos colectivos e individuales. Muchos de sus protagonistas, que pueden estar leyéndonos en este momento, al igual que yo, sufren y aman nuestro país a pesar de sus contradicciones. Luchan diariamente por sus derechos y reconocimientos, así como por los derechos de otros. Malvinas es un gran nosotros en el que los que murieron yacen en el cementerio de Darwin (u otros espacios sagrados) reclamando y protegiendo (desde la perspectiva de sus familiares) nuestro territorio. Somos un gran nosotros en el que los que volvieron han tenido que sobrevivir a la posguerra de la indiferencia social y a sus propias batallas. Somos un gran nosotros en el que los que volvieron, pero no pudieron continuar, dejaron un hilo pendiente del cual tirar. Somos un gran nosotros en el que vos y yo seguimos teniendo interrogantes dado que heredamos también el dolor, la derrota, el sacrificio, la violencia y la muerte.

Guerra de Malvinas: la falta de cuerpos y el duelo dificultoso

Las muertes en situaciones extraordinarias pueden producir una alteración en las prácticas y significaciones tradicionales acerca de la forma en que éstas deben ser enfrentadas y los cuerpos, tratados en relación directa con los procesos de duelo. Las situaciones específicas que dieron lugar a la muerte en la guerra produjeron un quiebre, una ruptura en sus formas habituales de enfrentar la muerte. Los familiares tuvieron que adaptarse a estos cambios para sobrellevar las pérdidas extraordinarias, reelaborando creativamente los modelos convencionales de entendimiento. En este atravesar los duelos, muchos se han integrado a grupos de identidad compartida. El grupo en tanto comunidad de iguales, cumple un rol fundamental ya que les da a sus miembros herramientas para enfrentar las pérdidas, suministrando también un fuerte sentimiento de identidad e integración social. De esta manera, construyeron sus marcos simbólicos de interpretación para entender las experiencias sufridas, tomando símbolos de la historia nacional tanto reciente como lejana. También se enfrentaron a la muerte a pesar de la ausencia del cuerpo a través de prácticas novedosas, contando siempre con la legitimación social de los fallecimientos y sus acciones simbólicas, mientras que otros familiares atravesaron los duelos en soledad. Como sociedad tenemos todavía mucho que hacer para acompañarlos.

Representaciones culturales vinculadas a las pérdidas colectivas

Las representaciones que se generan en los marcos de interpretación que recién mencioné responden a representaciones, valores y prácticas estructuradas a escala nacional. Muchas de estas configuraciones culturales como la categoría de víctima, la figura del héroe, o los distintivos nacionales, devienen en herramientas culturales que expresan y dramatizan una diversidad de significados a través de los cuales los familiares entienden no solo la relación con sus parientes muertos, sino también con la historia cultural. Pero, a la vez, los familiares y excombatientes se apropian de estas categorías, las recrean y les dan nuevos horizontes de sentido. La historia reciente argentina nos ha enseñado mucho sobre cómo sobrellevar las pérdidas extraordinarias. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, como otros familiares de desaparecidos, con sus búsquedas pacíficas e incansables, son ejemplo no solo a nivel nacional sino más allá de las fronteras. Las madres de Malvinas o “de la patria”, como se suelen llamar, también han construido su calendario de la vida cotidiana en función de sus familiares muertos y han llevado a sus héroes a cuestas honrando y buscando el reconocimiento social, con dedicación y dolor permanente. Al igual que los excombatientes, que se insertan en la arena pública reivindicando su derecho para reclamar por sus compañeros muertos en batalla (a quienes muchos tuvieron que enterrar), han construido lazos, no solo entre los muertos y los vivos, sino también con el resto de la sociedad. Las madres de víctimas de trata, las madres del dolor, los familiares de Cromañón, los de la Tragedia de Once, los del gatillo fácil, los de la violencia sexual, o de fallecidos del ARA San Juan, entre otros, han transformado también la tragedia en proyectos colectivos. Han llevado lo privado a la arena pública. En casi todos los casos los familiares se han enfrentado creativamente para poder afrontar estos duelos dificultosos, incorporando prácticas y rituales dinámicos relacionados contextualmente.

El desafío es entender la forma en que los procesos socioculturales influyeron en la educación para transmitir Malvinas

Cuando hablamos de cómo recordar o transmitir lo sucedido en relación con la Guerra de Malvinas tenemos que advertir que hay tantos sentidos sobre la guerra como excombatientes. Están los veteranos que habían ido a la guerra como profesionales y que rescatan y se enorgullecen del sacrificio brindado a la patria. Militares ejemplares, altruistas, reconocidos por su vocación. Están los mismos que fueron reconocidos como héroes de Guerra, pero que, en la Argentina continental, torturaban en los centros clandestinos de detención. Están los que estaqueaban a sus soldados o quienes morían por ellos. Sus soldados, jóvenes de diferentes provincias y adscripciones étnicas, estaban haciendo el servicio militar obligatorio y muchos de los cuales se sintieron obligados, arrastrados, sin conocimiento ni preparación, a una guerra que no hubiesen elegido. Otros jóvenes, soldados que aun arrastrados y sin conocimiento, quieren y necesitan revalorizar los actos heroicos por sobre los de la victimización. Entre los héroes y las víctimas encontramos tantas memorias, identificaciones y formas de recordar como experiencias hubo en los campos de batalla (tierra, mar y aire). Están los del mar, los anfibios, los del Crucero General ARA General Belgrano u otros buques, los del silencio en el submarino, los héroes de la bruma, del vuelo rasante, que batallaron al enemigo y al ambiente. El desafío es entender la forma en que los procesos socioculturales influyeron en la educación para transmitir Malvinas y poder incorporar la pluralidad de experiencias que denotan profesionalismo, temor, valentía, humillación, violencia, sufrimiento. El desafío es también entender las luchas por las memorias, y entenderlas no solo como luchas políticas sino como modos diferentes de sentir, revivir, habitar la guerra y la posguerra. El desafío es pensar nuevas formas posibles de hablar de muerte, sacrificio y soberanía, sin olvidar, que esa guerra, nuestra guerra, enorgulleció con actos heroicos y trascendentales, así como también dejó muertes que no fueron informadas de forma adecuada a sus familiares. Cuerpos que debieron ser identificados o localizados después de 35 años y procesos judiciales por violaciones a los derechos humanos que están a la espera de la justicia, en el marco de la búsqueda de la verdad, como de la soberanía.

Foto de portada: Monumento histórico en Plaza Malvinas Argentinas / Ushuaia