Karen Hallberg es doctora en Física por el Instituto Balseiro de la Universidad Nacional de Cuyo y la Comisión Nacional de Energía Atómica. En 2020, recibió el Doctorado Honoris Causa de Universidad Siglo 21, a raíz de su invaluable aporte a la ciencia y el desarrollo de nuestro país. Es investigadora principal del CONICET en el Centro Atómico Bariloche e integra el Consejo de Representantes de la American Physical Society. Recibió además en 2019 el Premio L'Oréal-UNESCO a Mujeres en Ciencia.

¿Cómo y cuándo descubriste tu vocación científica?

Recuerdo que desde muy chica era curiosa, quería saber todo y preguntaba constantemente sobre la naturaleza, sobre cómo funcionaban las cosas, y también sobre muchas otras cuestiones. Pasé de querer ser maestra, jugadora de tenis profesional, genetista molecular, ingeniera nuclear hasta que terminé siendo física y estudiando física cuántica. Al finalizar la secundaria estaba entre la ingeniería y la física y a mitad de carrera me incliné hacia la investigación. Me fui haciendo camino a medida que iba viendo qué había en cada esquina.

¿Cuáles fueron las satisfacciones que te dio tu rol como científica?

Una de las satisfacciones más lindas de la carrera es que me permitió ver al mundo de una manera mucho más profunda, entender muchas cosas y contribuir a avanzar la frontera del conocimiento. También me permitió conocer otras culturas mientras hablábamos el mismo idioma de las matemáticas y nos unían los conceptos fundamentales de la física. El compartir las mismas ansias de conocimiento con personas de culturas muy diferentes es fascinante. Principalmente la carrera me enseñó a pensar, a buscar las evidencias en las argumentaciones, a ser creativa y a buscar la inspiración, a ser honesta intelectualmente y a reconocer errores, a concentrarme y a reflexionar y también a razonar lógicamente, a ser cuantitativa y más precisa en mis razonamientos.

¿Cuáles son los desafíos actuales para las mujeres en el ámbito científico?

En ciencia, según la UNESCO, en todo el mundo, menos del 30% de los científicos son mujeres. Y esto incluye todas las ciencias, ciencias naturales, biomédicas, exactas y sociales. Si consideramos la física, química, computación, matemática, ingenierías, esta proporción es mucho menor, ya que la proporción de mujeres en ciencias biomédicas y sociales supera con creces a los otros campos. Mucho menos del 30% son mujeres en estos campos.

Y estos números empeoran para etapas posteriores de las carreras científicas y tecnológicas: las mujeres no son solo una minoría, sino que están lejos de ser protagonistas en la formulación de políticas. Los hombres continúan dominando el campo.

Es un mito bien instalado que los cerebros de las mujeres están conectados para la empatía y la intuición, mientras que se supone que los cerebros masculinos están optimizados para la razón y la acción.

¿Ni siquiera sabemos qué es la conciencia, cómo razonamos, cómo almacenamos la información, y estamos buscando diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres? Esto ha sido denominado neurosexismo por Gina Rippon en su libro “El cerebro con género”, donde afirma que, en cuanto a género, “solo una sociedad sesgada producirá una mente sesgada”. Según varias publicaciones confiables sobre este tema, existe una creciente evidencia de que el cerebro no tiene género, que si existen diferencias se deben a cuestiones culturales y de educación.

No hay razón alguna para que no haya una participación equitativa de mujeres y hombres en la ciencia y la tecnología, en todos los campos.

El hecho de que exista una brecha tan enorme es una fuerte advertencia de que todavía tenemos serios problemas culturales, sociales, económicos y políticos.

¿Cuál es el aporte de la ciencia a la sociedad?

La ciencia es una de las actividades fundamentales de la humanidad y es una de las manifestaciones más acabadas del intelecto humano. El pensamiento científico se fue afianzando a medida que la humanidad fue avanzando intelectualmente para entender el mundo donde vive y para encontrar soluciones a sus problemas. Gracias a la ciencia disfrutamos de una mejor calidad de vida que nuestros ancestros, aun teniendo en cuenta la deuda que tenemos como sociedad con muchísima gente que todavía no tiene sus necesidades básicas satisfechas. Hemos avanzado, pero todavía falta muchísimo.

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